
17 de febrero de 2026
Lo que pasa en tus participadas ya no se queda en tus participadas
Private Equity, IA y CompetenciaEl mercado español de fondos de inversión da muestras de querer crecer más, si juzgamos por los niveles de actividad. A pesar del entorno de incertidumbre regulatoria, las operaciones son cada vez más sofisticadas, los portfolios más complejos y las estrategias de creación de valor más elaboradas.
Pero, en paralelo, gestionar el riesgo de competencia ya no es un checkbox sino un riesgo estratégico de primer nivel. En los últimos años la CNMC viene intensificando su actividad de supervisión y reforzando un mensaje claro: la autoridad espera prevención activa, no solo reacción ex post.
Los fondos están acostumbrados a lidiar con autoridades de competencia pero, generalmente, por control de concentraciones. Sin embargo, cada vez con más frecuencia, los problemas surgen después. Por ejemplo, intercambios de información entre participadas, cartelización inadvertida de filiales, alineamiento de estrategias comerciales entre empresas formalmente independientes. Estos y otros sustos son, cada vez, más habituales.
Y el proverbial texto en la pared es claro: ni la mera existencia de una estructura de control ni la falta de intención eximen de responsabilidad. Los fondos acabarán, cada vez con mayor facilidad, pagando el pato de los enredos de sus participadas. Y el pato puede ser importante: hasta el 10% del volumen de negocios.
En escenarios de compañías participadas, los enfoques tradicionales de compliance muestran sus límites. Las auditorías clásicas ya no son suficientes ni eficientes para detectar riesgos que se esconden en millones de correos, chats, presentaciones o documentos internos. Aquí es donde la tecnología —y en particular la inteligencia artificial aplicada al compliance de competencia— está marcando una diferencia real, porque permite analizar millones de comunicaciones no estructuradas en cuestión de horas, identificando patrones, comportamientos anómalos y señales de riesgo que serían prácticamente imposibles de detectar mediante revisión manual.
Esto es básico en un entorno donde las autoridades de competencia valoran la existencia de controles efectivos y verificables. Los reguladores esperan tecnología con criterio jurídico.
Y a los fondos les puede venir bien porque reduce la probabilidad de multas y expedientes sancionadores, protege el valor de salida de las participadas, refuerza la posición del fondo frente a coinversores y LPs, aporta trazabilidad y credibilidad en procesos de venta o refinanciación. Y seguro que muchas más.
En definitiva, en materia de competencia, detectar a tiempo no trata solo de evitar sanciones sino de proteger valor.